El país en donde la justicia no es ciega

Por Magdalena Arbeláez Tobón

Tomás y Jerónimo Uribe, hijos del presidente de Colombia Álvaro Uribe Vélez, no son un par de angelitos. El año pasado, se enriquecieron ilícitamente luego de que la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN) declaró zona franca un terreno que habían comprado. Estos terrenos se valorizaron y los hijos de Uribe vieron multiplicado el resultado de su inversión en un claro escándalo de corrupción en donde, además, lograron evadir los impuestos que correspondían a tal valorización. La indignación fue tan alta, que el Presidente se vio obligado a defenderlos públicamente en un discurso en donde esclareció que “Mis hijos no son corruptos, mis hijos no son traficantes de influencias ante el Estado. Mis hijos no son hijos de papi.”

Como si esto fuera poco, unos meses después, se acusó a los hermanos de ofrecer puestos en notarías a aliados políticos de su padre recompensando así favores en el congreso como el apoyo al cambio de constitución que permitió la reelección inmediata del mandatario. Así pues, no es de sorprenderse que estos dos jóvenes no sean los personajes más apreciados en Colombia.

En julio de 2009, los medios de comunicación y la justicia anunciaron que se emprenderían acciones en contra del creador de un grupo de Facebook llamado “Me comprometo a matar a Jerónimo Alberto Uribe, hijo de Álvaro Uribe”. El grupo contaba con apenas 16 miembros y no tenía mucha  actividad. La semana pasada, Nicolás Castro, de 23 años, creador del grupo, fue arrestado. El fiscal que trata su caso ya anunció que será condenado a una pena de entre cinco y diez años por instigación a delinquir. El juez consideró que se trataba de un delito grave, pues al grupo de Castro se habían unido incluso guerrilleros. Por esa razón, no le dio arresto domiciliario, sino que lo envió a la cárcel de la Picota, lugar en donde están recluidos los más peligrosos criminales de Colombia. En su contra se presentó además evidencia de su computadora: diferentes búsquedas en internet sobre la familia presidencial, visitas a la página de las FARC, y hasta conversaciones de Messenger. Algunos miembros de la fuerza armada lo acusaron por ende de ser terrorista. “(Nicolás Castro) es miembro de redes que instigan al terrorismo a nivel internacional, lo tenemos comprobado… accedía a páginas que tienen que ver con la organización terrorista Farc, Al Qaeda y otros grupos terroristas del mundo” dijo el general Gilberto Ramírez.

Ante esto, como era de esperarse, los afectados también reaccionaron. Jerónimo Uribe, quien había puesto la denuncia ante las autoridades se manifestó muy preocupado por sus pobres padres, quienes tenían que soportar este episodio “jarto”, pero aseguró que él era valiente e intentaba lidiar con tales amenazas. Por su parte, su hermanito se le unió para decir en un comunicado de prensa que “Repudiamos cualquier acto de terrorismo, tal como es la instigación al homicidio”. ¿Y qué hay del tan mentado “terrorista” condenado a pagar años de cárcel por unos comentarios agresivos en Facebook?

Nicolás Castro vivía en Chia, en una zona de clase media alta situada a las afueras de Bogotá. Era un estudiante destacado de Bellas Artes en la Universidad Tadeo Lozano. Sus padres, compañeros y amigos (a quienes conozco personalmente) lo describen como alguien centrado e inteligente con una actividad política reducida. Pero la verdad es que a Nicolás sí le interesaba la política colombiana. Una de sus principales inquietudes concernía la masacre del municipio el Salado perpetrada por paramilitares con la carta blanca del ejército colombiano. A los mil habitantes del pueblo por donde pasaban a veces guerrilleros, se les castigó violándolos, torturándolos y matándolos a punta de machete. En pleno día, en medio de una borrachera y de música, los paramilitares hicieron de las suyas sin que ninguna fuerza pública se interpusiera. Estos hechos provocaron la indignación de Castro y lo llevaron a crearse un perfil en Facebook llamado “el cuervo del Salado”. Fue bajo este seudónimo que creó el grupo que amenazaba a los hijos de Uribe, pues, como muchos, consideraba que el presidente tiene una gran parte de responsabilidad en esta masacre.

Pero más allá de la indignación y de unas cuantas palabras agresivas y exageradas, dudo que Nicolás Castro quisiera pasar a la acción. Como él mismo lo dijo, su objetivo no era más que el de expresar su odio y desestabilizar a los hijos del presidente, que han aprovechado tanto de su posición privilegiada. Por lo demás, no veo de qué manera el visitar páginas de internet constituye una prueba contundente de nexos con grupos terroristas. Aunque pudo haber sido un acto irresponsable, peligroso y fuera de lugar, ¿merece realmente de cinco a diez años de prisión? ¿No será esta condena un tanto exagerada?

Una amenaza por Facebook puede ser algo serio. Para quien la recibe, jamás se tratará de un juego. Se sabe además que esta red social ha permitido en ocasiones verdaderas movilizaciones y que las bromas pueden terminar siendo realidad. El problema es que tal vez no nos estamos dando cuenta de la magnitud que pueden alcanzar nuestras acciones en esta red. Quizás pensando actuar bajo un anonimato virtual, Castro no realizó que sus declaraciones podían tener una implicación en la realidad, y que, de cualquier forma, estaba atentando contra la vida de una persona. Así el hijo de Uribe no sea un personaje impecable, nadie tiene derecho a atentar contra su vida, ni a incitar públicamente al delito. Es lógico entonces que Castro reciba un castigo, y que su caso sirva de ejemplo para limitar el uso y abuso desenfrenado que se le ha dado a Facebook, haciendo entender a la comunidad que sus actos tienen consecuencias reales y afectan a los demás.

Pero hay dos problemas mayores que acompañan este caso. Primero, que la sanción es absurdamente desproporcional al delito. Sobre todo, que refleja las profundas desigualdades que existen en materia de justicia en el país. En Colombia, muchos artistas y personajes públicos han sido víctimas de amenazas por Faceboook. La senadora Piedad Córdoba (opositora del gobierno) ha denunciado la existencia de más de veinte grupos en donde se instiga a atacarla y matarla. Grupos que movilizan a más miembros y cuyas amenazas están más cargadas de odio. ¿Pero se ha hecho algo al respecto?

Más allá de defender a un joven que recibió una condena injusta por una amenaza que ni siquiera era creíble, se trata de denunciar el funcionamiento de la justicia en Colombia. Para dar con la persona que amenazaba al hijo del presidente, se pusieron en marcha operativos con todas las fuerzas de inteligencia y de policía del país. Incluso participaron agentes del FBI. En cambio, diariamente, líderes de la oposición, sindicalistas, periodistas, defensores de los derechos humanos, son amenazados, acosados, asesinados, y nadie hace nada al respecto.  Muchos son obligados a exiliarse pues el Estado no les ofrece garantías o protección. Es inaudito que a los opositores se les deje a la merced de verdaderos asesinos, mientras que por criticar al régimen, un muchacho cualquiera sea enviado a la cárcel. ¿Qué tipo de justicia es ésta que decide a quién proteger y a quién castigar en función de sus orientaciones políticas (o dicho más abiertamente, de su apoyo al presidente)?

Por ahora el caso no parece avanzar. En Facebook existen ya muchos grupos que se han pronunciado sobre el asunto. “Libertad inmediata para Nicolás Castro” cuenta ya con más de treinta mil miembros, quienes han expresado su solidaridad con el acusado, así como sus preocupaciones por el autoritarismo del régimen, la falta de libertad de expresión y el funcionamiento de la justicia. Sin embargo, las autoridades no parecen ceder, y temo que como otro de tantos escándalos en Colombia, pronto pase al olvido.

Entretanto, tal vez les interese saber que el organismo de inteligencia DAS, quien actuó tan eficazmente capturando al autor de la amenaza contra Jerónimo, es él mismo responsable de amenazas a la periodista que denunció el entorpecimiento del juicio a los asesinos del humorista Jaime Garzón. La revista Semana reveló por estos días una guía de instrucciones usada por detectives del DAS para lanzar amenazas telefónicas a esta mujer. Pero, claro está, investigarse a sí mismo no es tan fácil como capturar a un estudiante.

Cette entrée a été publiée dans Debat. Bookmarquez ce permalien.

Laisser un commentaire

Entrez vos coordonnées ci-dessous ou cliquez sur une icône pour vous connecter:

Logo WordPress.com

Vous commentez à l'aide de votre compte WordPress.com. Déconnexion /  Changer )

Photo Google+

Vous commentez à l'aide de votre compte Google+. Déconnexion /  Changer )

Image Twitter

Vous commentez à l'aide de votre compte Twitter. Déconnexion /  Changer )

Photo Facebook

Vous commentez à l'aide de votre compte Facebook. Déconnexion /  Changer )

w

Connexion à %s