Update your status

Artículo escrito por José Sergio Vinay

En días recientes, el diputado  mexicano  Ariel Gómez León alias « El Chunko » se refirió a los damnificados haitianos con calificativos racistas.
Esto después de que la Cámara de Diputados del Estado de Chiapas decidiera donar parte de los sueldos de los legisladores a las víctimas del terremoto en Haití.

“En los medios como en la televisión observamos la cara de la gente cuando les reparten ayuda. ¡No son caras de necesidad! Más bien es una insaciable abusivez. Como todos son negros y se parecen tanto, habría que marcarlos con tinta indeleble para que no se les repita la ayuda; la tinta tiene que ser blanca porque la que usa el IFE no se les notaría por ser tan negros…”

Como era de esperarse, la declaración del representante en cuestión causó polémica entre los mexicanos. Dentro de los medios de comunicación  tradicionales así como en las distintas plataformas digitales (blogs, redes sociales, etc.) los ciudadanos expresaron su repudio a tan inhumanos comentarios.

El diputado no solo tuvo el valor de dar una respuesta “oficial” sino que además justificó el contenido de sus declaraciones diciendo que aquellas palabras fueron una broma que salió al aire al dejar accidentalmente el micrófono abierto durante una emisión radiofónica. Durante una entrevista a nivel nacional el señor Ariel Gómez decidió ir más lejos aclarando que no era racista porque era cristiano y que además su padre era “moreno”.

Al enterarme de esto a través de un video de Youtube tuve el deseo espontáneo de publicar la noticia en el “wall” de mi perfil personal de Facebook. Sin embargo, antes de hacerlo decidí pensar en los argumentos que podrían existir para abstenerse de señalar públicamente al diputado.

El diputado local por el estado de Chiapas no fue electo en base a su posición personal con respecto a los derechos que pudieran tener los haitianos en un momento de crisis humanitaria. La función de diputado local se reduce a algunas cuestiones administrativas relacionadas con la representación de los chiapanecos. Del mismo modo, los comentarios fueron hechos en un contexto ajeno a su función pública, y lo que es aún más grave es que yo ni siquiera voté por él, por lo cual, sus acciones no me afectan directamente.

Siguiendo esta “lógica”, señalarlo a través de mi perfil de Facebook podría ser de alguna forma un ataque personal e incluso un intento de limitar la libertad de expresión de la cual goza cualquier persona. Lo mejor sería escribirle una carta personal al diputado pidiéndole que me explicara por que había sido tan incendiario. Tal vez al tomarme un café con él pudiera entender que detrás de sus hirientes palabras se esconden razones válidas.

Después de este espasmo mental, publiqué el video en mi wall, compartí el sentimiento de impotencia que sentí al escuchar las palabras de alguien que tiene responsabilidades políticas frente a mis connacionales. Opté por lo impulsivo, por lo oportunista y radical, sabiendo que probablemente el diputado en cuestión actuó de la misma manera.

Desafortunadamente nadie comento ni le otorgó un “I like” a mi post. El impacto mediático de mi acción política fue casi nulo. No causó polémica, no derivó en debate y no hirió a ninguna persona.

Logout. Pienso en mí y en mi entorno, dándome cuenta de lo recurrentes que suelen ser las bromas sexistas, racistas y de homofobia. Descubro lo enraizada que puede estar la discriminación dentro de nuestro lenguaje casual, en nuestras acciones diarias. ¿Quien dentro de nuestro multicultural y surrealista entorno escolar está exento de este tipo de comportamientos? ¿Quién es el inocente que puede aventar la primera piedra para que nos demos cuenta que herimos, insultamos y alimentamos el odio de una manera tan sutil que parece correcta?

Dudo que alguien externo tenga la legitimidad para señalarnos en público o en privado cuando caemos en la discriminación. Creo fervientemente que en nuestra comunidad de estudiantes, de jóvenes con ilusiones, sueños y proyectos nos toca a todos establecer una dinámica de autocrítica constante.

Escucho con frecuencia decir que nosotros somos una gran familia. Si familia es la palabra con la que se define el cariño, respeto y apoyo que nos mostramos día a día, considero que somos una bastante funcional. No obstante tenemos que evitar que nuestros lazos de compañerismo y amistad nos nublen la vista y nos sellen la boca.

 

Laisser un commentaire

Entrez vos coordonnées ci-dessous ou cliquez sur une icône pour vous connecter:

Logo WordPress.com

Vous commentez à l'aide de votre compte WordPress.com. Déconnexion /  Changer )

Photo Google+

Vous commentez à l'aide de votre compte Google+. Déconnexion /  Changer )

Image Twitter

Vous commentez à l'aide de votre compte Twitter. Déconnexion /  Changer )

Photo Facebook

Vous commentez à l'aide de votre compte Facebook. Déconnexion /  Changer )

w

Connexion à %s