La neutralidad de Internet: el precio de un clic

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Abrir este artículo fue tu decisión. Nadie te lo impuso, nadie te lo impidió, simplemente hiciste clic, y éste se abrió en algunos segundos. De eso se trata Internet, de elegir libremente lo que quieres ver. Si ahora decides abrir la página web de El País porque no te gusta el Mural, nadie te lo impedirá, ésta llegará a la pantalla de tu computador tal como lo hizo el Mural. De eso se trata la neutralidad de Internet.

Ninguna compañía de acceso a Internet privilegia o perjudica intencionalmente a una página web con respecto a otra. La neutralidad de Internet es no hacer diferenciación alguna entre el acceso que tenemos a dos páginas. Tú, como consumidor, pagas por una conexión a Internet con una velocidad determinada, y bajo el principio de neutralidad, tu proveedor de Internet (ISP, por sus siglas en inglés) no restringe el acceso a ninguna página. Por ejemplo, digamos que tu ISP es Orange; éste no implementa medidas que hacen que MySpace tarde más en aparecer comparado con Facebook. Ninguna de estas dos páginas es privilegiada o perjudicada por Orange.

Este modelo, sin embargo, puede cambiar. Los ISP, con el argumento de que deben responder a los altos costos generados por el aumento desmedido de usuarios web, que los ha obligado a invertir considerables sumas de dinero en el mantenimiento de sus redes, han considerado parar de respetar el principio de neutralidad de Internet para poder cobrarle dinero a las grandes páginas web. En Estados Unidos, la neutralidad de la red ya no está garantizada por la ley, a pesar de que en los últimos años varios intentos se hayan llevado a cabo para hacerlo.

Para entender mejor cómo se ha visto amenazada la neutralidad de Internet, sería bueno analizar el caso de España, donde recientemente este tema ha generado debate a causa de las declaraciones de César Aleirta, presidente del ISP español Telefónica.Aleirta informó que planea cobrarle a los buscadores como Google el derecho de circular en las redes de Telefónica. La razón que dan las compañías de telecomunicaciones para justificar estas medidas es que no somos sólo nosotros, los usuarios, los que disfrutamos del acceso a Internet, pero también páginas como Google, ya que ellos utilizan un gran ancho de banda para circular en la infraestructura de los proveedores de acceso a Internet.

Las razones dadas por Telefónica son dudosas y no justifican una medida así, ya que las consecuencias de una política que no respete el principio de neutralidad podría  beneficiar económicamente a los ISP a costa de un acceso a Internet injusto y desigual para los usuarios. Sin neutralidad de Internet, podríamos imaginar un escenario en el que una compañía como Yahoo decida pagarle mucho dinero a tu ISP para que éste le dé prioridad a Yahoo con respecto a un motor de búsqueda adverso. En esta hipótesis, tu ISP decidiría limitar tu acceso a Google, haciendo que esta página cargue muy lentamente, o no lo haga del todo. Lógicamente, la frustración de no poder acceder a tu motor de búsqueda preferido te cansaría y decidirías dirigirte a Yahoo.

Aún peor, imaginemos que te dan ganas de llamar a tu familia por Skype. Abres la aplicación y decides hacer la llamada, pero tu ISP tiene su propio servicio telefónico, así que decide restringir tu acceso a Skype, degradando la calidad de la llamada o impidiendo iniciar una sesión de Skype. Esto te obligaría a usar el servicio de tu proveedor de Internet, que aumentaría sus ganancias a través de una maniobra deshonesta que limitaría tu derecho de elegir.

Para los escépticos, lamento informar que los ejemplos hipotéticos que di están más cerca de lo que parecen. Por ejemplo, en marzo del año pasado Skype fue prohibido en todos los hotspots Wifi de T-Mobile en Alemania, ya que quieren obligar a sus clientes a usar exclusivamente teléfonos celulares para realizar llamadas.

Aparte de las consecuencias negativas del modelo que se está planteando, las razones para cobrarle dinero a los buscadores por su circulación son inválidas. Las páginas de Internet —ya sean gigantescas como Google o modestas como el Mural— ya le pagan a compañías de alojamiento web para ser hospedadas y para soportar el tráfico que generan. Por su lado, los ISP ya reciben un monto mensual por parte de sus usuarios, destinado a cubrir los costos de mantenimiento de las redes de Internet. Asimismo, las grandes compañías de telecomunicación disfrutan de financiamiento público para emprender el desarrollo de nuevas infraestructuras necesarias para satisfacer la creciente demanda de acceso a Internet.

La neutralidad de Internet debe estar garantizada legalmente antes de que se cristalicen las propuestas injustas de los proveedores de acceso a Internet. Acabar con el modelo actual de neutralidad traería como resultado un mundo de peajes virtuales en el que el surgimiento de pequeños sitios web innovadores, como lo eran Google y Facebook en sus comienzos, estaría limitado por la venta y la compra de nuestros clics.

Artículo escrito por Rafael Millán

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