El zafiro

Nunca me consideré una asesina despiadada. No me gustan los gritos, la humillación o hacer miedo. Sé que es difícil de creer, y no es a mí de juzgar, pero tuve mis razones para matar a esa mujer.

Me motivó ese zafiro, debía tenerlo, y para ello necesitaba sacar a esa mujer de mi camino. Fue su culpa, ella se lo buscó. Sin ese zafiro, nada de esto habría pasado. La piedra era tan hermosa que el vívido azul de su superficie me hacía alucinar. Sólo el hecho de haberla sostenido en mis manos durante esos primeros minutos, y haberla contemplado con detenimiento, hicieron que todo valiera la pena.

Apenas sospeché del zafiro empecé a planear todo con mucha precisión. Fijé el día, el lugar y el método de una manera muy sutil para que nadie, ni siquiera ella, se diera cuenta del brutal asesinato. Una pistola habría hecho demasiado ruido, así que escogí un arma blanca. Si la hubiera asesinado en su casa, las sospechas de sus vecinos me habrían revelado, entonces escogí una escena alejada para cometer el crimen. Por último, la invité imprevistamente, ya que las expectativas de una llamada muy antelada habrían alertado a sus amigos.

La llevé a mi cabaña. Justo antes de la cena me le acerqué sigilosamente por detrás, y con un cuchillo de cocina, la degollé en un movimiento seco. No hizo ni un gemido; creo que murió inmediatamente. Espero que todo haya sido lo suficientemente rápido como para que su último pensamiento no hubiera sido la traición, pero supongo que eso nunca lo sabré.

Aveces estoy al borde del arrepentimiento, pero trato de recordar que de todas maneras esa gema no era suya. Tampoco era mía, lo admito, pero la ladrona era ella. No estoy arrepentida, ¿pero ahora qué? No sé qué hacer con este zafiro. Podría venderlo sin problemas, escapar, y olvidarme de todo. Pero nada de eso me interesa.

¿Estaré decepcionada? Quizás. Quedé insatisfecha, como si necesitara asesinarla de nuevo y robarme la piedra que ya tengo; no para tener más gemas, sino para tener más razones para matarla. Pienso que estaría más contenta si el zafiro no existiera. Quizás sí soy una asesina despiadada. Quizás el zafiro sólo fue un pretexto.

Artículo escrito por Rafiki

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