Porqué no deberíamos repetir el MUS en las condiciones de este año

En la vida todo es verdad y todo es mentira”, Calderón de la Barca

Con todo mi respeto a las personas que han trabajado duro para hacer realidad el MUS (Modelo Universitario Segib), me gustaría hacer algunas críticas sobre esta experiencia con mis mejores intenciones.

El 5 y 6 de abril, las organizadoras del MUS nos asignaron a cada alumna del campus euro-latinoamericano de Sciences Po Paris un representante de la clase política, de la dirigencia empresarial o de la sociedad civil del mundo ibero latinoamericano. Frente a la ausencia de consignas claras del MUS, mi sensación es que muchos alumnos –entre los que me incluyo- sufrieron el dilema entre reproducir el discurso de las instituciones que les habían sido asignadas o expresar su opinión personal. La mayoría de los estudiantes entendieron que los responsables del MUS les exigían que reprodujeran el discurso de la institución que representaban. En este sentido, el MUS incitó a la reproducción del discurso político dominante, que los medios de comunicación masivos (televisión, radio, prensa etc.) ya se encargan de vehicular. Si a esto le sumamos la escasa preparación y la motivación de algunos, la crítica a este discurso fue también escasa. Otras, sin embargo, se resistieron a encarnar la institución que les había sido asignada y expresaron su opinión personal.

En cualquier caso, resultaba difícil distinguir a las personas y a los personajes. Esto era aun más difícil porque la mayoría de los participantes asistieron disfrazados. La única consigna del MUS, aparte de que representásemos tal institución, fue que nos disfrazásemos de ministros y ministras. En pocas palabras, que los hombres se asfixiaran con corbatas y trajes, y que las mujeres se flagelaran con tacones de punta, a los cuales no estamos bien acostumbrados. Se priorizó así en algunos casos el aspecto físico al contenido del debate.

Esta ambigüedad del MUS se reforzó aun más por la participación de actores de la cooperación ibero latinoamericana verdaderos en las conferencias y los debates. Por ejemplo, el MUS fue inaugurado por un discurso del actual presidente de la Secretaría General Ibero-americana, Enrique V. Iglesias. Además, las cuatro conferencias que precedieron los debates del jueves 4 fueron dadas por cuatro actores poderosos de la cooperación ibero-latinoamericana: Juan Pita, coordinador general de la cooperación española en El Salvador, José Ángel Quirós, director de Fomilenio y uno de los empresarios más poderosos de El Salvador, la Señora Sáenz y Francisco Pérez Trejo, miembro de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). La presencia de estos trabajadoresverdaderos de la cooperación internacional enmarcando a los ministros y a los empresarios simulados me chocó y me pareció ambiguo. ¿Su discurso no fue acaso retomado en los debates posteriores sin críticas? ¿Acaso no se esconde detrás de esta ambigüedad cierta reproducción social alarmante? Los cuatro conferenciantes eran padres de alumnas, o sea, padres de nuestras amigas.

¿Por qué opino que la ambigüedad entre persona y personaje, y por encima esto la reproducción social, fueron dañinas y graves?

Primero, porque la reproducción social juega en contra de la igualdad de oportunidades y de la conciencia crítica, dos aspiraciones fundamentales de nuestras sociedades. Sobre todo cuando se trata de puestos de tanto poder como es el caso de los conferenciantes y del presidente de la Secretaría General Ibero Americana, la reproducción social por vínculos familiares o de amistad puede tener derivas muy negativas: impide que otras personas, independientemente de su origen y en particular si vienen de un medio social y económico más modesto, accedan a estos puestos. Además, las que acceden, por no salir de su medio familiar y amical, flaquean en el pensamiento crítico sobre las acciones de sus antecesoras.

Por otro lado, esta ambigüedad entre persona y personaje se tradujo por una falta de honestidad intelectual en los debates del MUS. Al situarse al mismo nivel los estudiantes que expresaron su opinión personal y los que reprodujeron el discurso ajeno, el debate se convirtió en un espacio de ficción, sin lugar para la honestidad ni la conciencia. Resultaba difícil cernir a la persona que una tenía enfrente y a la cual se dirigía. Por ejemplo, en el encuentro entre los representantes de la sociedad civil y los dirigentes empresariales al que participé, comprobé que algunos estudiantes repetían el discurso ferozmente capitalista de los verdaderos empresarios y que no corresponde con su opinión personal. En este caso, la honestidad intelectual brilló por su ausencia porque la esencia ambigua del MUS así lo permite y lo impone. ¿Qué interés tiene hacer un debate en condición de falta de honestidad intelectual? Ninguno. Si se trata de tomar conciencia de la dificultad de negociar y de alcanzar un consenso entre personas de intereses e ideologías radicalmente diferentes, no hace falta gastar, como se rumorea a falta de información, 12 000 euros para organizar el MUS: basta con ver las grabaciones de los encuentros ibero-latinoamericanos pasados.

Finalmente, al asignar a cada estudiante una institución ya existente, se apuñala la utopía. ¿Y quién negará el papel fundamental y positivo que ella tiene? La utopía tiene un lado destructivo, patológico, es cierto, pero se tiende a olvidar con frecuencia que también es motor de construcción. Rechaza la realidad y propone otra cosa, crea brechas en la realidad, construye posibilidades de futuro. Paul Ricoeur habló de ella con estas palabras: « De este no-lugar, un brillo exterior es dirigido sobre nuestra propia realidad, que se vuelve de repente extraña, sin nada establecido. El campo de los posibles se abre extensamente y permite considerar maneras de vivir radicalmente otras ». Si la utopía, “lugar que no existe”, explora las posibilidades y alternativas del futuro, creando fisuras en la realidad, la experiencia del MUS incita a perpetuar y perpetúa lo que ya es. Bajo los gafetes del MUS, D.E.P. Imaginación y D.E.P. Utopía, aunque reconozco la resistencia de algunos estudiantes que defendieron su opinión personal bien informada.

Con iniciativas como la del MUS, Sciences Po se afirma como una institución de reproducción social y discursiva, al que poco le importa la honestidad intelectual, la igualdad de oportunidades y el desarrollo del pensamiento crítico. Como medio académico, creo que su misión, y la de todas las que formamos parte de él, debería ser la de fortalecer el pensamiento crítico, y por eso debería profundizar radicalmente la definición del MUS, o ponerle fin.

Article écrit par: Carmen González Gómez

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