¡Hay un Camino, Viviremos y venceremos!

Hace ya 20 años que la Guerra Fría acabó. 20 años son ya desde que el mundo rompió una barrera que lo dividía en dos, en el que una parte del planeta estaba pintada de rojo y la otra de azul. Hace ya 20 años, dicen muchos, que las separaciones ideológicas dejaron de causar un riesgo permanente de guerra y sufrimiento.

Es cierto que a finales de los 80 un muro cayó, y unos años después un modelo desapareció. ¿Pero podemos decir que las diferencias ideológicas realmente están extintas? ¿Somos capaces de imaginar hoy en día una sociedad en la que realmente no haya fuertes diferencias entre derecha e izquierda?

No lo creo

La oposición continúa.

Hay que evitar a toda costa que los iraníes [los nor coreanos, los iraquíes, todo depende de el caso] obtengan la bomba atómica

Creo que no hay una frase más repetida en los últimos años por políticos de todas las tendencias en los Estados Unidos, en Reino Unido, en Francia…en fin, en los países desarrollados.

Hay verdaderos enemigos de la democracia en nuestra actualidad, repiten a cada ocasión. Son los terroristas islámicos, que quieren sembrar valores inhumanos en nuestras sociedades, sumergirlas en dictaduras. Son los países que aún mantienen comunismos, sistemas retrógrados que sólo llevan al sufrimiento de sus ciudadanos ¿Y qué define los comunismos? Que no les quieran dar contratos “benéficos para su desarrollo”.

Hay que evitar a toda costa que el Imperio [yanquis, capitalistas, todo depende del caso] domine nuestros pueblos

Creo que no hay una frase más repetida en los últimos años por populistas aferrados al modelo izquierdista, o por líderes que ven en la oposición a un país, un método para dirigir el odio de sus poblaciones. Así olvidarán, seguramente, el hambre en el que están sometidos desde hace décadas. Así perderán la noción de la pobreza en la que se encuentran y no querrán conocer ideas que los alejen del “camino ideal”.

La división sigue

Vemos de vez en cuando historietas de Mafalda, esa niña que vio su entorno dividido en colores…esa niña que no entendía por qué el azul y el rojo no podían estar juntos, tal y como lo estaban en muchas banderas del mundo.

Al ver esto, pensamos que todo pasó. Que las familias no se odian más porque unos le van al candidato A y otros al B. Creemos, de manera ingenua, que no es posible infundir el odio mutuo en un pueblo alegre, feliz y lleno de hermandad.

Muerte a Chávez, ¡hay un camino!

Eso piden unos en sus oraciones diarias. Luego de rezar el padre nuestro y el Ave María, incluyen sin culpa alguna una frase que seguramente dice “Padre, llévate al infeliz que ha destrozado a nuestro país. Libéranos del diablo que gobierna desde Miraflores”.

Eso dicen personas-toro en mi tierra. No pueden ver el rojo en algún lado porque se llenan de ira. Ira que, de manera estúpida, redirigen a un color y a las personas que lo llevan. Y así proceden, acusando de ignorancia a aquellos que no comparten sus ideas. Y así siguen, viajando a Miami y a New York, a París y Londres, alegando amor a su país y a sus habitantes.  Y así siguen, diciendo como en 1998 que gobierno peor no existe.

Muerte a los escuálidos ¡Patria, socialismo o muerte! (o mejor Patria y socialismo, viviremos y venceremos…no sea que dañemos al comandante)

Eso gritan unos en las calles. En cada esquina, donde quiera que haya un comando del PSUV, cantan alabanzas a aquél que les regala dinero de por montones. “Al comandante lo llevamos en los genes”, entonan unos sin saber lo que es el ADN. Al mismo tiempo otros muy similares llevan rituales en su honor, en nombre de la virgen de Maracuyá, del Congo o del Dr. José Gregorio. Ritos paganos, santeros, justo antes de ir a misa los domingos.

Eso esperan personas-infantes en mi país. No pueden ver una foto del Presidente porque le caen a besos, llamando al nuevo padre de la patria. Al padre de la patria que se ha vuelto hijo, hermano, tío y primo de estos niños. Pero sobre todo padre, sin el cual no tendrían las migajas denigrantes de alimento que consumen. Y los líderes así siguen, viajando a Miami y a New York, a París y Londres, alegando amor a su país y a sus habitantes. Y así siguen, porque para ellos Papá ya no es hasta el 2021, sino hasta el 2100 pre.

En este ambiente, familias se dividen. En este ambiente muchos preparan las armas. Tambores de guerra resuenan en mi patria, sin que se pueda hacer algo al respecto. Y es aquí que me pregunto:

¿Soy tan diferente a Mafalda?

No lo creo.

Article écrit par: A. James White

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