No se olviden de Gudú

Falleció Ana María Matute el pasado junio. Tercera mujer ganadora del Cervantes, ese premio del que dicen es el más prestigioso de las letras en lengua castellana, pero que sólo obtuvo en 2010, a los ochenta y cinco años. Se había convertido también, un poco antes, en la tercera mujer miembro de la Real Academia Española, en cuyos sillones se han sentado no más de ocho mujeres hasta ahora y desde su fundación en el siglo XVIII…

Tal vez alcanzamos nuestra cota de “conmemoración de muerte de gran escritor” unos meses antes, en abril, cuando volaban mariposas amarillas para despedir a Gabriel García Márquez (¿a qué escritor con pretensiones de fama póstuma se le ocurre morir después de Él?). Tal vez fue la cota de “reconocimiento de talento literario femenino” la que se agotó, cuando la mexicana Elena Poniatowska se convirtió en la cuarta galardonada con el premio Cervantes. Tal vez la actualidad hirviese de noticias en ese momento con la proclamación de un nuevo rey en España o con las emocionantes fluctuaciones de los mercados mundiales. El caso es que, aquel día, Ana María Matute se deslizó discretamente entre la victoria de Argentina contra Nigeria y el paso de Perú a octavos de final.

Pocos soltaron tantas mariposas por ella, en cualquier caso. Primero porque carecería de simbólica, y si hablamos de escritores ya se sabe lo literales que han de ser las figuras; y segundo… ¿Por qué? ¿…Porque al fin y al cabo tal vez no era una tan buena escritora? No, no es eso. Ganadora de mil y un premios y sobre todo escritora de mil y un cuentos, no puede ponerse en duda su talento ¿Por qué, entonces, parecieron olvidarse de Gudú?

Transcurrió tiempo, tiempo, tiempo, hasta perderse en el tiempo, desde aquel día en que llegó el Conde, por el alto de la tundra, camino que llevaba a Occidente, para tomar posesión de su nuevo dominio y recompensa. Ya nadie, excepto él, tenía memoria de aquellos días lejanos en que el Rey tenía puesta su confianza en él antes que en ningún otro. Días en que el Rey no había decaído todavía en la enfermedad que iba a convertirle en espectro de sí mismo.” Así que supongamos que se desatendió a Matute fue por que Gudú ya estaba olvidado, por que siempre lo estuvo y lo estará, por que Olvidado Rey Gudú es un libro que habla… de olvido.

Un melancólico cuento de niños para adultos. Es poesía fantástica, verdadera literatura con todas las letras, con mayúsculas. Una elegía mítica que echa por tierra, precisamente, ese mito literario según el cual el género fantástico es algo menor o simplemente no es nada. Pero atención a aquellos que busquen una trepidante historia de aventuras aliñada con cuatro dragones y un par de zombies, Olvidado Rey Gudú no lo firma ni George R.R. Martin ni J.K. Rowling, “no peca de best-seller”, para eso casi mejor leerse directamente un Dan Brown (tal vez esto último sea exagerar…).  Pura acción poética, en cualquier caso, y un estilo de obra maestra. De hecho es así como se califica a esta, la más famosa novela de Ana María Matute.

Así que, la próxima vez que no haya nada que hacer, durante verano en una playa de Brasil o en medio de la campiña francesa, no os olvidéis de Gudú…

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