Mierda.

 

No era de extrañarse que fuese así de blanco. La casa era completamente sombra. Era muy estrecha, el aire era muy denso. Cuando entró sintió que le pesaba respirar y desde que la puerta cerró, solo veía una luz al final del pasillo. Que imagen tan caricatural -se dijo-.  A lo largo del pasillo habían cuadros colgados, uno al lado del otro, como en la década de los setenta. Lamentablemente la falta de luz y el polvo, completamente impregnado a los marcos, no dejaban divisar bien el contenido de la imagen. En medio del silencio solo se escuchaba la madera que crujía al andar.

Contó los pasos : uno, dos, tres… diez y ocho pasos para atravesar el pasillo.  Solo una puerta a mano derecha. Quizás era el baño, siempre al fondo a la derecha. Al final del pasillo se encontraba la cocina pero no parecía haber persona. Antes que pudiste girar la cabeza a mano derecha para ver quien había escuchó una voz gruesa y severa.

– Sientese -dijo-.

– Mierda ¿en que me he metido? Penso X.

Un revolver encima de la mesa, solo un hombre sentado junto a ella, dos mas apoyados contra el lavado y silencio, ni un ruido en toda la sala.

– Qué se siente, ¿no entendió? -repitió la misma voz.

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